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2006-01-17
La falacia del software gratuito
Los programas gratuitos son muy frecuentes en Internet. De hecho, puede afirmarse que en el inconsciente colectivo internauta se ha injertado profundamente la identificación entre Internet y gratis.

Seguro que usted tiene instalado y utiliza habitualmente más de un programa gratuito en su propio ordenador. ¿Nunca se ha preguntado por qué contra toda lógica en estos tiempos de crisis tecnológica y descalabro de las punto com una empresa puede decidir ofrecer software gratuitamente? ¿Qué obtiene a cambio? La respuesta puede llegar a ser simple y aterradora a la vez: sus datos personales.

Existen muchas formas de distribuir el software:

  1. Con el shareware, usted lo prueba y si le gusta paga por él.
  2. Con el freeware, lo prueba y si funciona bien lo puede seguir utilizando indefinidamente sin tener que pagar ni un duro.
  3. El openware o software de fuentes abiertas, es similar al anterior en tanto en cuanto no se paga por él, pero con una crucial diferencia: el código fuente está también disponible, lo que permite modificarlo, reutilizar su código en otros programas y redistribuirlo libremente.
  4. El adware viene acompañado de publicidad, lo que ayuda a subvencionar su distribución gratuita, al precio de soportar la presencia de banners que van renovándose periódicamente, los cuales pueden ser eliminados si se registra y paga por el producto.
  5. El comercial, por el que normalmente se paga antes incluso de probarlo.

Hasta aquí todo parece lógico y normal. Sin embargo, las aguas del software se enturbian cuando se trae a escena al spyware. Puede definirse como cualquier tipo de software que utiliza la conexión a Internet de la víctima, sin su conocimiento ni consentimiento explícito, para enviar información sobre su actividad. El hecho de que esta información sea o no personalmente identificable tiene poca importancia. Lo verdaderamente ultrajante es que, sin informarle de nada, se cree un canal encubierto de comunicaciones entre su ordenador y el servidor de la compañía, por el que circula información procedente del ordenador del consumidor.

A los usuarios se les asigna normalmente un GUID (Globally Unique Identifier o Identificador Global Único) con el fin de poder distinguir la actividad de cada usuario individual para así confeccionar las estadísticas adecuadas con datos fidedignos. Desde saber quién pincha en qué banners hasta obtener un listado completo de los sitios web visitados, todo es posible para el spyware.

En contra de lo que podría creerse a primera vista, pagar con su privacidad a cambio de obtener un programa en apariencia gratuito se está convirtiendo en moneda de cambio común en Internet. La circunstancia de que cada vez más usuarios tienen su ordenador conectado a la Red, incluso de forma permanente gracias a tarifas planas de cable y ADSL, especialmente en EEUU, ha impulsado a muchas compañías a distribuir sus productos de forma totalmente gratuita y cobrarse el servicio espiando la actividad del usuario.

Como bien sabe, siempre que instala un programa en su ordenador, éste necesariamente tiene acceso a todos los recursos de su sistema: puede leer cualquier rincón del disco duro, registrar cada pulsación de teclado realizada por el usuario o guardar un histórico de qué programas y documentos han sido abiertos y a qué hora. Por supuesto, una cosa es la posibilidad de llevar a cabo todas estas tareas y otra muy distinta que se haga de hecho.

Los programas que rastrean la información sobre hábitos de consumo y navegación de los internautas pueden potencialmente realizar todas o alguna de las actividades anteriores de manera sigilosa, sin que nadie lo advierta.

A intervalos de tiempo programables, la aplicación se conecta a través de Internet con un servidor de la compañía que lo distribuyó y transmite diligentemente toda la información que ha recopilado.

No importa si la función en sí para la que está destinado el programa no hace uso alguno de Internet, como sería el caso de un editor de imágenes o una herramienta de verificación del disco duro. A pesar de todo, puede notar que misteriosamente el módem se pone en funcionamiento sin que haya abierto el navegador ni el correo electrónico ni ninguna otra de sus aplicaciones de Internet. Se trata del programa espía, que está informando a los cuarteles generales. Si su conexión es a través de un módem telefónico, el programa delatará su presencia cada vez que intenta conectarse por los ruidos que hace el módem. Sin embargo, si su conexión es permanente, nunca advertirá nada especial.

Y si piensa que instalando un cortafuegos personal (vea el artículo Cortafuegos, la mejor defensa, en iWorld, 31) estará seguro, piénselo dos veces. Estos programas espía suelen utilizar en sus comunicaciones el protocolo HTTP usado por los navegadores. Dado que normalmente la operación de este protocolo estará permitida por su cortafuegos, su actividad puede pasar totalmente desapercibida. Aun así, no desespere. En el cuadro de Direcciones de interes se ofrece un listado de programas que le ayudarán a librarse de esta lacra.


Autor:
Fuente: terra.es
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